El nombre del Blog
Hace poco tiempo leía un libro de un autor argentino-no me acuerdo del nombre- cuyo título es "atreverse a escribir". En la obra se expone el miedo que sufre el escritor primerizo a enfrentarse con la hoja de papel en blanco y comenzar a plasmar en ella los pensamientos que están en su mente.
Hoy se usa menos papel a la hora de escribir; como también se usa mucho menos la pluma- hay cantidad de jóvenes que no la conocen- en favor de bolígrafos y rotuladores; sin embargo, esas carencias se suplen con los ordenadores, en los cuales, la pantalla, es una inacabable serie de páginas en blanco en los que puede dejar el autor parte de su materia gris, salvando el texto, mediante una simple opción de"guardar", lo que se haya escrito en el espacio.
Yo, hoy, estoy por primera vez delante del espacio nuevo de este blog y, como por algo hay que empezar, se me ha ocurrido empezar por el título,y lo he puesto -no se si he hecho mal-; después he bajado el cursor hasta el espacio que hay bajo la palabra "texto", debajo de la barra en la que se ubican las tareas del blog. Es un espacio en blanco; no hay papel; está vacío y sobre él hay que escribir, y da tanto o más pánico que hacerlo sobre el folio de papel.
"Trabancos", en castellano, es igual que "trangallos"; estos son los palos que se colocaban suspendidos del collar de los perros, para que, principalmente, durante el tiempo en que la caza estaba criando no pudiesen bajar la cabeza. A los galgos se los ponían también en épocas de veda. La verdad es que no encuentro la relación y, si será esa la razón por la cual se llama Trabancos. Si es así, el río tiene un nombre relacionado con la caza, actividad muy desarrollada por los habitantes de las zonas por las cuales transcurrre su cauce,pues no faltan piezas deseables de ser abatidas por los cazadores: liebres y perdices, que gozan de buenas recetas de cocina; como avutardas ( hermosas corredoras de la estepa), milanos y azores, con las gozamos contemplando su majestuosa estampa descolgándose de los riscos, sobre los cielos azules,en acrobacias difíciles de igualar.
Trabancos es un nombre antiguo, ya que hay referencias a su cauce en documentos anteriores al siglo XII relacionados con pueblos de sus proximidades, unos vivos, todavía, y otros, abandonados hace siglos.
Las proximdiades del río Trabancos son un espacio con cazaderos próximos donde los galgueros ( a pie o a caballo) llevan a sus colleras de perros a perseguir liebres en las mañanas neblinosas y festivas de noviembre; o en las heladoras y nítidas mañanas de enero, con el suelo duro como las piedras y y la escarcha blanqueando los pocos perdederos donde pueden esconderse, los animales perseguidos.¡ Es hermoso el espectáculo de ver cómo las avutardas salen corriendo raudas sobre las pajas de cereales y las perdices y tórtolas se pierden entre mimbrales y junqueras de los altos ribazos que hay en su praderas.
Por mi parte, creo que hacer trabancos (Trabancos) es realizar saltos y cambios rápidos de dirección: Trabancos es el nombre que pusieron al río en sus primeros kilómetros de andadura, cuando, recién nacido, corre revoltoso y espumeante entre las rocas golpeando a todas ellas a la caída de la sierra morañiega; después conserva el nombre hasta su entrega al Duero, después de cruzar las tierras llanas de Valladolid lejos de riscos, envuelto su cauce en una tranquilidad perezosa durante muchos años, y hoy, seco y muerto. La pena es que antaño su corriente se arrastraba escondida entre las junqueras y los mimbrales, que bebían su agua junto con los chopos y prados que lo rodeaban. Hoy ya no se ven nada más que algunos álamos secos, en recuerdo de aquellas hermosas alamedas llenas de vida, de las que todos años se cortaban esbeltos ejemplares.
Algunos chopos
Estiaje en el Río Trabancos con alameda
Crecida veraniega en el Trabancos
El Trabancos que yo conocí, en los días de mi primera infancia, no era un río transitorio y seco como lo es ahora; en aquella època, anterior a su destrozo por el Instituto Nacional de Colonización, en los primeros años 60 del siglo pasado, era un río con caudal permanente, escaso de agua en verano y en otoño,meses en los que se cortaba en alguno de los vados; pero que se mantenía vivo en invierno y era abundante y hasta tumultuoso en algunos días señalados de la primavera, cuando sus aguas frías de neveros, bajaban desde su cabecera, escapadas en ruidosas en crecidas. Las riadas primaverales limpiaban el cauce y hacían salir a las ratas de agua, y a las nutrias, brillantes y lustrosas, a las orillas, cuando veían inundadas las madrigueras escondidas bajo las raíces de árboles y felpizos de grama.
Esto ocurría, casi siempre. durante unos pocos días de final de marzo o en el mes de Abril. Entonces, coincidendo con la Semana Santa, al río le crecían las barbas: se oía un silbido lejano; era un zumbido sordo del agua que arrastraba barro y basuras que hacían elevar el nivel del río, capaz entonces de anegar praderas y alamedas de sus riberas.
Ahora, sin embargo, el río no corre casi nunca; sólo lo hace coincidiendo con alguna de las tormentas, de estos veranos de "cambio climático"; entonces, con mal talante, llega a copar su cauce de ramas, paja y barro; y arrastrar, agua abajo, alguno de los troncos de álamo, así como los tocones, podridos y secos, de los viejos chopos, que durante siglos le dieron sombra y frescura; fueron, los ahora arrumbados, aquellos chopos que medraron, creciendo altos y verdes, mientras bebieron sus raíces en el agua, hasta que dejó de correr y se secaron todos; río y árboles.
Mi padre me dijo un día, hace más de 50 años, que el río nacía en Herreros de Suso, cerca de Blascomillán, en el norte de la provincia de Ávila y que desembocaba en el Duero, en Herreros (sin más), junto a Pollos, un caserío con una construcción de ladrillo y media docena de cabañas de adobe, que aún se ve desde la carretera de Salamanca, nada más pasar Zofraguilla, en la parte más ancha y caudalosa del Duero tras la desembocadura del Zapardiel, frente a Torrecilla de la Abadesa.
En una ocasión, me llevó a caballo río arriba hasta su nacimiento, en un viaje de varios días. Íbamos bien provistos de mantas, empanadas llenas de "cachos", fiambrera con tortillas de patatas y vino. Vamos, todo lo necesario para pasar algunas jornadas caminado y durmiendo a la intemperie. Yo creo que no tendría siquiera ocho años.
El Trabancos es un río que nace en la Moraña, comarca a más de 1000 metros, sobre en nivel del mar, en la cara norte de las sierras centrales de Ávila y Segovia. Entre su cabecera y su desembocadura en el Duero hay unos 85 kilómetros, con pocos ràpidos en la parte alta y un lento discurrir por los campos de la tierra llana de Salamanca y Valladolid. El agua de su cauce lame las casas de San Cristóbal de Trabancos y Horcajo de las Torres, en Ávila, y las de Fresno el Viejo y Castrejón de Trabancos y queda a unos cuatro kilómetros de Nava del Rey, Alaejos y Sietiglesias de Trabancos,(poblaciones todas ellas de Valladolid) que tienen regueras que desaguan al río las tormentas veraniegas y las lluvias de primavera.
En su riberas se ubicaron poblaciones, algunas fueron abandonas y desaparecieron a lo largo de los siglos y sus restos quedaron reducidos a torrejones que miran al río desde lo alto de su otero. También se hicieron en sus márgenes fincas de labor y casas de campo, cuyos habitantes terminaron por marcharse a las poblaciones más cercanas; a veces huyendo de las fiebres palúdicas (corrientes en los años posteriores a la Guerra Civil). Las tercianas, fueron unos de los motivos, seguramente, que acabaron con el río Trabancos al intentar la administración franquista " sanearlo" en los primeros años 60 del siglo pasado.
Desde mi casa hice una vez , en aquellos años, una excursión en bicicleta, siguiendo los senderos de pescadores de cangrejos, que se perdían entre la maleza y las junqueras. Crucé bajo los puentes de las carreteras y llegué, al mediodía, al Duero, que se arrastraba espléndido en su anchura, con el caudal lleno de ondulaciones en la superficie, calmado, entregado y retenido en la distanca de la presa de Castronuño, que lo para y templa (entonces como ahora), igual que hacen los toreros con los toros de casta antes de seguir su camino para bañar ciudades medievales: Toro, con su colegiata, dominando la amplia curva en ballesta( barbacana que diría Machado); después Zamora para lamer su puente medieval, mientras ve reflejadas en sus aguas las siluetas de sus hermosas iglesias románicas, que se acuestan al lado de palacios y murallas, testigos de traiciones, de Urracas manipuladoras y del traidor Vellido, asesino de un rey leonés.
El Trabancos, para mi, no es un río cualquiera. Es el Río; el río de mis recuerdos. He pasado los primeros años de mi vida junto al Río Trabancos. Di mis primeros pasos en el portal de aquella casona de campo, añadida a un molino maquilero. El molino tenía al agua como fuerza motriz para que, durante muchas horas al día, se pudieran mover las piedras que trituraban los cereales o legumbres una vez que eran tragadas por la tolva y llegaban a las muelas devoradoras, que tronaban incansables en un rechinar tumultuoso y acre.
Yo me he sentido integrado en el paisaje de las orillas del Trabancos. Me he dormido con el ruido del agua que llegaba hasta el molino, desde un par de kilómetros arriba, por el canal emisario desde la "toma". He nadado con mis hermanos y amigos en los charcos someros y soleados con piso de pizarra resbaladiza; también me he sumergido, buceando en los profundos y fríos piélagos llenos de manantiales, para abrir los ojos en las aguas llenas de vida, sintiendo, algunas veces, el roce de las anguilas y los barbos en los pies descalzos. He gozado y pescado cangrejos, durante las cálidas noches de junio, con retel y con araña; he lanzado la red y el trasmallo y he depositado boletos, con las primeras sombras de las noches de otoño invierno, recogiéndo las artes con los primeros albores de la mañana siguiente, llenas de peces que habían caído en las trampas arteras y saltaban prendidos en las mallas.
El Río también ha sido el lugar donde empecé a saber lo que era doblar el espinazo sobre el surco de la huerta, regada con sus aguas, tratando de quitar las hierbas, que salían al pie de los maíces o de las remolachas. Tambíen allí, en el Río, me pasé horas leyendo tebeos o libros, sentado en su orilla o en el ribazo del canal, mientras las vacas pastaban entreaguas, ajenas al sol y molestas por los tábanos, buscando las hierbas más frescas y delicadas. En aquel ambiente de naturaleza, renovada cada primavera, siendo un crío con el bozo de un incipiente bigote, sentí mis primeras poluciones, cuando los toros se iban encima de las vacas "salidas".
Por eso, hoy, cuando el Trabancos no es casi nada; hoy cuando, como un anciano con Alzheimer,el Río ya no se acuerda de que tuvo mucha vida en sus riberas; hoy que su cauce está seco todo el año, excavado, sin manantiales en sus recodos y que ni siquiera sabe que alguna vez tuvo agua en sus hondonadas y chopos altos y erguidos en sus riberas. Hoy, que es invadido por ovejas que huelen y patean la humedad que se esconde bajo sus arenas blancas, es cuando quiero rendir un homenaje al Trabancos; no por lo que es hoy, sino por lo que fue ayer, cuando en las orillas de sus charcas, en verano, los grupos de mujeres lavaban lana y después la tendían a secar en las solaneras próximas; cuando las reses con cuernos y las bestias de carga y tiro bebían su agua limpia y veían reflejados sus ojos, antes de que las ondas de la líbélula la ollaran con su roce la fugura titubeante. También lo hago por su historia; por aquellos siglos en los que su línea verde, de agua y árboles, era parte de la tierra de frontera cristiana, vigilada desde los torrejones construidos en lo alto de los oteros, cerca de los caminos y las cañadas que, desde Toro o Zamora, bajaban del Reino de León hacia las Extremaduras, en aquellos años en los albores de Castilla; cuando nacía España.
Por todo esto he titulado este blog : "Trabancos"; porque me siento unido al Río, a pesar de que no lo veo hace tiempo. Sólo su nombre es suficiente para hacerme evocar unos tiempos felices y otros no tanto, pero que han sido mi vida y la de mi familia durante casi todo el siglo XX.